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Viernes 18 de Mayo de 2012
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02-02-2012 10:23

Una familia norteamericana de Hawaii según Alexander Payne

En "Los descendientes", que se estrena comercialmente hoy, el director Alexander Payne insiste en darle tono tragicómico a las historias (como ya lo hizo en "Entre copas" y "Las confesiones del Sr. Schmidt"), esta vez un hawaiano de clase media, cuya familia entra en crisis cuando su esposa accidentada queda en coma y debe seguir adelante con sus hijas.


Matt discurre su vida en Hawaii con relativa tranquilidad, la de una posición económica cómoda y una familia algo disfuncional con crisis de pareja, hasta que su esposa queda en coma tras sufrir un importante percance, primer signo de que desde ese momento su vida y la relación con sus hijas ya no será la misma.

En su intento por reconociliarsae con ellas, Scottie bastante chica y algo precoz, Alexandra al filo de salir de la adolescencia, mucho más rebelde y transgresora, solo consigue elevar la intensidad de su infortunio, incluso una revelación impensada le rompe la cabeza: su esposa lo engaña con otro hombre.

La noticia le cae como un baldazo de agua más que helada y si bien sus pensamientos son confusos, al mismo tiempo que tiene que resolver cuál será el futuro respecto a la herencia familiar (una serie de propiedades playeras valiosísimas de las pocas que quedan libres en el archipiélago), sale en busca del "amante".

En verdad, su familia tuvo origen en Hawai cuando un antepasado misionero se casó con una princesa del lugar, razón por la cual y de generación en generación, una serie de importantes lotes siguen estando allí, casi un símbolo de las raíces, las únicas que los aferran a esas playas siempre soleadas.

El tono elegido por el autor de "Entre copas" varía de un momento al otro sin pedir permiso, de lo casi dramático a lo ridículo y, por suerte, más veces descontracturado, porque para el cineasta los temas cruciales contados con humor son mucho más efectivos a la hora de repensarlos y darles un sentido más profundo.

El realizador vuelve a dejar constancia de su precisión en la elección del casting perfecto, empezando por Clooney, un actor bueno para todo (incluso para spots de café gourmet en cápsulas), en esta oportunidad con algunos momentos memorables.

El personaje de Clooney está lleno de matices y lo demuestra cada vez que el guión le da la oportunidad de hacerlo.

Se trata de uno personaje construido con ganas de que el público pueda encontrar rápidamente puntos de contacto y de vez en cuando cierta empatía con él.

La idea de la mujer en coma genera tensión, más allá de que la historia va pegando giros que la van llevando a un plano muy diferente al que se supone va usar como base apenas empezada, y este es un ardid que le sirve a Payne para conducir al espectador a lo que quiere, la observación aguda, sin ser obvio.

El paisaje no fue elegido por bonito sino por simbólico, ya que el personaje de Clooney y en igual medida al resto de sus parientes, está a la deriva, abandonados a sus propias conclusiones y decisiones en islas del Pacífico que por muchas razones, son de alguna forma un mundo aparte.

El relato original, la primera y exitosa novela del escritor hawaiano Kaui Hart Hemmings, hasta entonces cuentista, tiene una impronta autorreferencial, y es seguro algunos de los personajes y situaciones hayan sido tomadas de la vida misma, cualidad que le aportan más credibilidad a la hora de una adaptación.

Más allá de las virtudes de un guión que no se deja atrapar por los diálogos interminables, es evidente que detrás existe una novela de peso, en la que la descripción del escenario tiene un importante protagonismo, de allí el título que en forma indirecta se refiere a lo poco de genuinamente hawaiano de esta familia.

El cine de Payne no es tan bueno como proclaman sus fanáticos, ni tan banal como lo definen sus detractores, sino que está en un punto justo, sin tiempos muertos, complicaciones, o intelectualizaciones sólo para iniciados, de esas que requieren folletos explicativos que ayuden a disfrutar del espectaculo.

Dentro del crítico panorama del cine norteamericano actual, con la pléyade de la década del 70 en retirada y con una cada vez mayor presencia de lo escapista, fantástico o efectista, Payne deviene relator de su presente, con algunos golpes que dejan huella en quienes buscan en el cine entretenimiento y reflexión.

Dicen que el que pinta su aldea es universal, y la anécdota de Kaui Hart Hemmings contada por Payne consigue superar los límites geográficos, todo un logro en el que mucho tiene que ver Clooney que, sin demasiado esfuerzo compone un personaje por el que muy justamente es candidato al Oscar y hasta quizás lo gane.


Fuente: Télam


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