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Viernes 18 de Mayo de 2012
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01-02-2012 21:40

"Moacir" retrata a un hombre que sobrevivió a la locura gracias a la música

"Moacir" es el título de un brillante documental de Tomás Lipgot que retrata la vida del brasileño Moacir Dos Santos, un ser fuera de lo común, bailarín y cantante de sambas, tangos y bossa novas que vive hace 28 años en la Argentina, a donde llegó huyendo de la pobreza y donde sufrió durante años "el infierno" de vivir en el hospital neuropsiquiátrico porteño José T. Borda.


La película muestra el caso de este "brasileiro y argentino", hijo de un esclavo y de una mujer alcohólica, que se ganaba la vida desde niño en la ciudad de Santos lavando coches (entre sus clientes figuraba nada menos que Pelé) y que al llegar a Buenos Aires pasó años en la calle como vagabundo y sufrió un cuadro de esquizofrenia paranoide del cual se recuperó gracias a su pasión por la música.

"La música es como un remedio para mí. Cuando estoy cantando me siento bien, se me va la tristeza. La música es la motivación que me permite seguir viviendo y cantando siempre", afirmó este hombre simple y luminoso, que cumplirá 69 años el próximo 8 de febrero, justo cuando el filme que protagoniza se esté proyectando en las salas porteñas, donde se estrenará mañana.

En una entrevista con Télam, Moacir afirmó que nunca pudo vivir del arte, a pesar de haber pagado con creces su "derecho de piso": "Nací para hacerme conocer como artista, pero viví 10 años secuestrado en el Borda, un lugar con mucha violencia, una especie de laberinto y de calvario del cual pude salir gracias a la ayuda de Lipgot".

Es que el director lo "rescató" a través del cine cuando lo incluyó en "Fortalezas", un anterior documental que exploraba la vida de personas marginadas de la sociedad, como los enfermos de lepra, los ancianos y los internos del neuropsiquiátrico Borda, donde Moacir se destacaba entre los demás por su amor a la vida, su amabilidad y respeto hacia los demás y un optimismo inagotable que culminó en su externación.

Moacir es un hombre brillante, y no porque sea un artista excepcional, sino por la fuerza que lo impulsa y le permite seguir viviendo a pesar de su absoluta soledad y pobreza, sobre todo cuando canta o baila, ya que se ilumina e irradia una luz particular, una alegría desbordante que comparte generosamente con todo aquel que esté cerca, sea un amigo o un completo desconocido.

"Intento hacer una música popular y universal. No tengo mucha cultura, pero para mí la música es un sentimiento, está en mi naturaleza. Yo siento la música y la interpreto según lo que dicen las letras", aseguró el cantante.

En la película, Moacir interpreta -con la colaboración de Sergio Pángaro- algunas canciones de su autoría que creía perdidas desde 1984, cuando las registró en Sadaic.

En este nuevo filme, el autor de "Ricardo Becher, recta final" vuelve a retratar a Moacir, pero esta vez no lo hace dentro de los laberintos del Borda, como lo hizo en "Fortalezas", sino que lo muestra en una nueva etapa de su vida, recibiendo visitas en la pequeña habitación que alquila en un conventillo de Constitución, compartiendo un almuerzo en un bar o recorriendo una feria americana para comprar ropa.

Con un enfoque que -debido a la personalidad extravagante de Moacir, que se maquilla y usa distintas pelucas para actuar- está teñido de un humor hilarante, Lipgot cruza al cantante brasileño con Pángaro en una especie de contrapunto del cual surgen dos maneras diferentes de entender la música: una más académica y profesional y otra que se nutre de la alegría del carnaval y la cultura callejera.

Sin embargo, el cruce es sumamente enriquecedor y fructífero, al punto de producir -en un proceso que evoluciona durante el rodaje del filme- un disco de 12 canciones que se terminará a mediados de este año y que incluye ocho temas de su autoría y cuatro versiones de clásicos del tango y otros ritmos argentinos y brasileños como sambas, marchas de carnaval y boleros.

"Cuando conocí a Moacir estaba internado en el Borda. En ese momento entendí lo que la música significaba en su vida. Unos meses después, con sus partituras en mi poder, le propuse un trato: él graba un disco y yo filmaba su historia", recordó Lipgot.

El realizador añadió: "Mi película es su aventura en torno a esa grabación, una epopeya plagada de música, emoción, humor y ternura".

Esa aventura humana trasciende a la película e invade todos los aspectos de su vida, ya que este hombre se comporta como un niño inocente y puro, sin maldad, que va a contrapelo de la sociedad y desarticula a todos los que lo rodean con su sonrisa desdentada, su ritmo vital y su forma desinteresada y desinhibida de conducirse.

"Soy un cantor popular, de los pobres y de los ricos. Un cantor de todos y para todos. Para mí, la música es la mejor manera de comunicarme con los demás", agregó Moacir, cuyas canciones hablan de historias de vida, del amor y la pasión, de la soledad y de personas que pasan los años sin poder encontrar afecto.

"Espero que a la gente le guste mi estilo y mi comportamiento en esta primera oportunidad que la película me da para llegar a ellos en toda mi carrera", sostuvo el cantante, quien actuará en vivo después de cada una de las proyecciones que se realizarán, a partir de mañana, en el Museo de Arte Latinoamericano (Malba).


Fuente: Télam


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